Caracas, 1 de julio de 2016

 

            No sé si lo han notado –ya que casi es imperceptible-, pero ante la voraz crisis económica, una cantidad de productos han escaseado. Desde los más exquisitos, importados y rebuscados, hasta los más básicos de la canasta diaria y del consumo cotidiano de cualquier ser humano.

El pan no es un lujo, es un alimento prehistórico que ha cubierto parte esencial de la dieta de las personas. El pan ha sido comida de pobres y ricos. Es un alimento no sectorizado que conoce mercado en todos lados. El pan es la comida bíblica que no puede faltar. Jesús declara: “Yo soy el pan de vida”, siendo el alimento de todos y para todos. Haciendo el silogismo cristiano, si falta pan, falta vida, si falta vida, falta cristo. Sin pan no hay nada; ni vida, ni cristo. Todo puede escasear, todo menos el pan.

El pan ha generado revoluciones y ha inspirado epopeyas. Jean Valjean, hambriento, paga 19 años de cárcel por caer ante la tentación de robar unas hogazas de pan. En la misma tónica de la época, la Revolución Francesa inicia por escasez -¿de qué?- de pan. Los ideales de Liberté, Égalité et Fraternité, muy bonitos suenan y embellecen los más deseados fines, sin embargo, la Revolución no nace de la prosa hermosa de las máximas libertarias y antimonárquicas, nace –simplemente- del pan.

¿En dónde está mi pan? Me pregunto a diario. ¿Por qué es tan difícil conseguir el alimento más básico de todos? ¿El imperio, la derecha, el régimen o los bachaqueros? Ninguno. Un ente más infame tiene nuestro pan; secuestrado y sin luz, su sola existencia amenaza la reaparición del mismo.

Mientras la SUNDDE siga por ahí, suelta, causando estragos, fastidiando y estableciendo precios máximos, seguiremos sin pan, y sin muchas otras cosas.

Ningún ente supremo debe de tener la potestad de establecer precios máximos, de ser el caso, escasearán.

El otro factor son los subsidios, que jamás serán la solución. Sólo falta recordar a Thomas Malthus, quien establecía: “si los alimentos no alcanzaban para todos, un subsidio a los pobres no puede aumentar su volumen, ya que lo único que puede traer consigo es el aumento de la cantidad de pobres, pero en ningún caso más riquezas”.

Por suerte una de las dos cosas se está emendando. La Supersuperintendencia ha ido saliendo de la obra trágica que protagonizó y desmantelándose de facto, sigilosamente ausentándose del mercado. Se dieron cuenta, de que dicho protagonista, en vez de generar audiencia, espanta a todos y termina con el poco rating que queda.

La SUNDDE debe eliminarse por completo –por algo debemos empezar-; mejor estábamos sin ella. Nada bueno ha traído y nada bueno traerá. Suficiente precaria es la situación para que haya un desestabilizador legitimado que siga causando estragos, dañando el mercado y metiéndose con mi pan. Seguramente, si leyeran esto, lo mal interpretarían y buscarían la solución equivocada y –al igual que el mito de María Antonieta- nos mandarían a comer torta, o –en nuestro caso- arepa; claro, de otra marca que no sea P.A.N., que tampoco hay.

Nelson Totesaut Rangel

@NelsonTRangel

ntotesaut@sincuento.com