Caracas, 11 de febrero de 2018

 

Para 1991, existían 70 democracias que representaban a un 45% de la población mundial. Para 2015, el número se elevaría a 115 países y al 65% de habitantes. El auge dramático nos sugiere el triunfo del sistema democrático, sobre el autocrático. No obstante, hasta aquí llegaría, ya que el surgimiento de la democracia respondería a una realidad del momento. Luego de estancarse, los autócratas del siglo XXI han tenido que ingeniárselas para poder adaptarse a una realidad distinta a lo que pudo haber sido. Pero, su capacidad de sobrevivir (incluso, florecer) nos debe de recordar que estos sistemas de gobierno no pueden ser subestimados.

(…) los dictadores han evolucionado para sobrevivir y prosperar dentro de los cambios domésticos e internacionales.

Antes del siglo XX la mayoría del mundo vivía bajo regímenes autoritarios. Casi todos eran monarquías tradicionales y hereditarias. Luego, después de la Primera Guerra Mundial (y con el fin de los viejos imperios), una nueva especie de autocracia empezó a surgir. Los Nazis en Alemania, los Fascistas en Italia y los Bolcheviques en Rusia, introdujeron un nuevo modelo que sugería que el poder recaería sobre un solo partido.

Estos tipos de regímenes pueden ser conocidos como “Dictaduras Monárquicas”, en donde el papel del líder puede variar dependiendo del país, del sistema o de la persona. Algunos dictadores han logrado un poder absoluto que no ha estado institucionalmente limitado, como fue el caso de Hitler. Pero, también hemos visto casos de una “dictadura organizacional”, en el marco de este mismo tipo de autoritarismo. De ejemplo tenemos a China, en donde el presidente y primer ministro son agentes del partido comunista y pueden ser removidos y ratificados con relativa celeridad.

Pese a que este sistema hegemónico -de “partido único”- no proliferó al nivel de las dictaduras militares (véase las latinoamericanas y las africanas), tienen a durar mucho más en el tiempo. ¿Qué mejor ejemplo que los partidos comunistas en China, Corea del Norte y la antigua URSS? Mientras las autocracias militares, sin partido hegemónico, están destinados a durar años; las autocracias derivadas del poder partidista lo harán por décadas.

Erica Frantz dirá que los dictadores han evolucionado para sobrevivir y prosperar dentro de los cambios domésticos e internacionales. Una de las técnicas más exitosas para dicho cometido ha sido la implementación de elecciones. Los regímenes de partido hegemónico tienen a emplear esta medida por múltiples razones. Estando probado que las autocracias con elecciones duran más que aquellas que carecen de las mismas. No sólo sirve como herramienta para repartir el poder entre los seguidores más leales, sino que también ayuda a determinar enemigos y a desintegrar a los grupos opositores. Puesto que, según Jennifer Gandhi, la oposición quedará dividida entre aquellos que quieran participar, y los otros que busquen abstenerse alegando la ilegitimidad emanada del techo de la dictadura. Menuda trampa.

Los resultados los podemos ver nuevamente en China, en donde más del 80% de los ciudadanos (de áreas urbanas) no quieren que haya un cambio en el sistema político. Poniendo al régimen

comunista sobre cimientos muy sólidos. Por ende, es errado asumir que las elecciones quebrantan el poder de las autocracias. De hecho, lo contrario pareciera ocurrir, lo fortalecen.

El futuro de las autocracias tiene dos interpretaciones. La primera es la tesis de la “evolución”, la cual hace una referencia zoológica para demostrar como las mismas son dinosaurios que van evolucionando en otras especies. La segunda es la tesis de la “extinción”, que apuesta por la progresiva desaparición de ellas. Esta teoría parece estar descartada por dos razones. Una responde a lo anterior mencionado: el estancamiento de la democracia y la supervivencia de las autocracias. La otra razón es la prueba de que la transición parece estar gestándose al revés. Ciertos gobiernos nacidos en democracia han incurrido en un “autogolpe”, generando la erosión gradual de las normas y prácticas democráticas. Siendo así de triste que este sistema de gobierno sea capaz de escoger a sus líderes, para luego mantenerlos bajo un disfraz democrático.

 

@NelsonTRangel

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