Caracas, 2 de junio de 2019

 

Italia no es solo el nombre de un país, es una marca en sí misma. Cuando es pronunciada, se suele pensar en un sinfín de productos: mobiliario, comida, bebida, moda. La imaginación se queda chica para clasificar tantas cosas que llevan el Made in Italy,generándoles inmediatamente un valor agregado al producto. Incluso, en Venezuela, lo vemos a diario. Es común que te vendan algo de “procedencia italiana”, aun así se trate de una vil mentira y en verdad haya estado fabricado a dos cuadras de la tienda. Y es que la utilización de la marca Italia se ha sabido comercializar, volviéndose común en todo el mundo. Por ende, resulta el opuesto natural al Made in China. Este último siendo sinónimo de bajo costo y baja calidad. Sin embargo, siempre es importante ver los grises, sobre todo en una economía globalizada.

Sabemos de antemano que el Made in Chinase ha convertido en una marca que no solo refiere a todo aquello realmente fabricado en ese país, sino a todo aquello fabricado por los chinos, independientemente del espacio geográfico. Lo que me resultó una real sorpresa, es que el Made in Chinapodría esconderse dentro de otras denominaciones de origen. A ver, me explico mejor. Leyendo el otro día la obra de Arnoldo Mondadori, Gomorra (2006), me informé como en el sur de Italia existe un negocio clandestino de sastrería. Ahí, trabajan tanto chinos como italianos, que son remunerados ínfimamente y que están despojados de cualquier seguridad laboral. Es difícil, lo sé, imaginarse una Italia explotadora de personas, y que el Made in Italypueda ser, en realidad, un Made in China enmascarado.

El italiano es un pueblo extraño, contradictorio, que tienen todo para ser un gran país, pero se hunde en la tentación del atajo y en la seducción de lo nuevo.

¿Cómo funciona esto? Pues el autor -que tuvo que dejar su ciudad por amenazas de la Camorra- cuenta que la trata de personas es un negocio habitual. Mafias chinas trabajan de la mano con sus pares italianos para exportar personal neo-esclavizado al país mediterráneo. Luego, fabrican los vestidos más suntuosos de la alta gama mundial. Siendo proveedores de las casas de moda más lujosas, que les compran a sabiendas que están constituidos sobre un negocio ilegal. Pero, en aras de abaratar costos, la moralidad se flexibiliza y el negocio prospera.

De hecho, una sección del capítulo tenía un título simpático: Angelina Jolie. Pues uno de los empleados, en este caso italiano, se sorprende cuando ve que la actriz de Hollywood entra a la ceremonia de los Óscar luciendo un hermoso vestido, Made in Italy, confeccionado propiamente por él. Imagínense la indignación de crear productos de lujo, pero vivir en miseria bajo un anonimato absoluto y un mérito jamás retribuido.

Esta historia es cruda, pero real. El país es un contraste impactante de lo deseado y lo indeseado. El italiano es un pueblo extraño, contradictorio, que tienen todo para ser un gran país, pero se hunde en la tentación del atajo y en la seducción de lo nuevo. Ahora, para suavizar un poco, quería mencionar un caso no dañino pero igualmente increíble sobre el Made in Italy: las máquinas distribuidoras de comida. Uno creería que en el país de la buena comida, de la excelencia culinaria casera, el fastfood no prosperaría. En cambio, Italia es el país europeo con mayor número de máquinas distribuidoras de chucherías: hay una cada 73 habitantes, superando así las 800 mil. 

Si esto no es un contraste impactante, ¿qué cosa lo es? ¿Cómo se explica que los italianos consuman tanta basura? Para mí, resulta una sorpresa mayor al de las sastrerías clandestinas, será porque me he informado suficiente sobre las mafias y cada vez mi impresión se dispara menos. Pero, que un país con una cultura del café tan arraigada y con una cucina della nonna tan sana (Italia es el segundo país más sano del mundo por su cocina, después de España) opte por los snacks, resulta realmente un misterio.

Y es que no me sorprendería que la marca Italia fuera en verdad algo para exportar. Y mientras nosotros alabamos los inodoros hechos en Umbría, buscando restaurantes de cucina tradizionaley admiramos la sastrería italiana su misura; ellos opten cada vez más por el low costdel Made in China, por los snacksen barra y los cafés de cápsula.

 

@NelsonTRangel

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