Caracas, 25 de octubre de 2020

Resulta difícil, para un ojo no entrenado, pasearse por los pasillos del Louvre y lograr individuar tanta belleza. Lo mismo ocurre con otros museos en París, Florencia y Londres; por decir algunas ciudades, que gozan de un patrimonio artístico sin igual. De hecho, una de las pocas cosas positivas que ha traído la covid-19, es la apertura virtual de las salas de los museos para poder ser apreciadas a través del computador. Cosa que, si bien no sustituye la catarsis que implica deambular por las salas, nos ha servido de ventana cultural en medio del encierro.

En lo personal, me gusta combinar este turismo virtual con lecturas pertinentes. Dentro de la literatura renacentista, podría recomendar la autobiografía de Benvenuto Cellini (1565), que es particularmente maravillosa. Como testigo de su época, narra la vida y obra de pintores, a través de sus ojos. Más allá de las anécdotas personales, son preciosas sus contemplaciones (y críticas) de otros artistas: “Si bien el divino Miguel Ángel hace la gran Capilla de papa Julio (se refiere a la Sixtina) su virtud no alcanzó la fuerza de aquellos primeros estudios”. Es decir, no logró superar los bocetos del cartoné; que hoy en día reposa en la Pinacoteca Ambrosiana, en la ciudad de Milán.

La covid y los museos

Dentro de la crisis económica producto del coronavirus, existe un sector particularmente vulnerable: los museos; cuyo daño producto del cierre es incalculable. Por ejemplo, la Royal Academy de Londres está evaluando la venta de una de sus obras más valiosas para no tener que despedir al 40% de su plantilla, es decir, unas 150 personas. La obra en cuestión es precisamente un Miguel Ángel, Tondo Taddei, de más de 500 años y cuyo valor ronda los 100 millones de libras. Y, si bien la venta del medallón de mármol podría fácilmente ser una provocación para alertar a las autoridades y al público en general, no descarta lo delicado del tema y la emergencia en general.

Cellini no está vivo para ver lo que ocurre con la cultura, pero tampoco creo que le importase mucho. El concepto del arte, tal y como lo conocemos, ha ido mutando a lo largo del tiempo. Pasó de ser decoración de Palacios e iglesias, a grandes depósitos invaluables que son contemplados por una generalidad. El caso es que la Royal Academy pudo abrir sus puertas en Julio, lo que le ha permitido oxigenarse un poco luego de meses sin recibir público. Sin embargo, con un distanciamiento social y una disminución del aforo en un 75%, los aprietos económicos seguirán. Sobre todo en una institución que no recibe financiamiento del gobierno -ni de la corona- y vive solo de patrocinios y de venta de entradas.

Agobiante incertidumbre

Como los museos, prácticamente todos se están buscando reinventar. El legendario metro de Londres, con más de 400 km de extensión, está considerando renombrar sus estaciones dándoles nombres comerciales. Es decir, tendríamos un Piccadilly station-Twinings o un Oxford Circus-Apple si la propuesta llegase a prosperar. Todo esto para cubrir el déficit que produjo la pérdida de 90% de los anuncios publicitarios y la reducción considerable de los 5 millones de pasajeros que viajaban en tiempos pre pandémicos.

La situación presente nos genera inmensa ansiedad. El humano no está diseñado para atrincherarse de esta manera, sin fecha pautada de salida. Ese es el problema, la incertidumbre del tiempo que se desdibuja frente a una situación sin precedente. Días, semanas, meses y hasta años, se pueden requerir para volver a la normalidad. Cualquier intento por acelerar el paso, nos puede perjudicar. Un paso adelante en vano, nos dejará dos atrás. Cabe solo esperar.

@NelsonTRangel

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