Caracas, 31 de enero de 2021

El título no refiere al Chávez venezolano, a Hugo, quien no visitó nunca la Casa Blanca como Presidente en funciones. Como Presidente electo sí, una vez, durante la era de Bill Clinton. Pese a que fue un encuentro breve, brevísimo, en 1999, poco antes de asumir su mandato. La presencia del Chávez venezolano en la capital estadounidense fue fugaz y su estadía con Clinton no habrá durado más que un par de horas. Distinta es la suerte de César Chávez, un líder sindical hispano-estadounidense cuyo busto reposa en la oficina Oval de Biden, dónde seguramente estará por, al menos, cuatro años. 

Los símbolos en este sentido son importantes. Recuerdo la foto oficial del Presidente Macron, quien introdujo sutiles mensajes en la instantánea. Primero, la ventana abierta y su postura que recae levemente sobre el escritorio (acompañada de una sonrisa), invita a la conciliación y la unión. Junto a ese mensaje, la bandera europea, pues representa un europeísta consumado, en contraposición a su adversaria Le Pen, una euroscéptica. Por último, los objetos, sólo tres. Un libro, escrito por el Pater Patriae Charles de Gaulle; un tintero con el símbolo de Francia, el gallo; y un reloj. 

Por su parte, el caso de Biden no es distinto. Si bien en Estados Unidos no existe una tradición de foto oficial tan elaborada, los símbolos que vimos en su despacho han de ser atendidos. Primero, el que ya mencionamos, un busto de César Chávez que reposa detrás suyo junto a sus fotos familiares. Luego, un retrato de Benjamin Franklin (quien fue científico), siendo coherente con su discurso que versa en la confianza en la ciencia médica frente a la pandemia. Luego, líderes sociales, Rosa Park, Martin Luther King y el Presidente que acabó con la esclavitud, Abraham Lincoln. Todo en su búsqueda por dar un mensaje conciliador y multiétnico.

Los Estados Unidos ya no es un país completamente blanco, y cada vez lo será menos. Por tan solo dar un ejemplo, el Presidente de México, López Obrador, decía la semana pasada que la comunidad Mexicana en dicho país supera los 30 millones. Es decir, aproximadamente el 10% de la población. Biden asume esta realidad y lo hace desmontando la xenofobia trumpista. 

Las redes como problema

En medio del debate que se está generando en los Estados Unidos, está otro que preocupa especialmente: las redes sociales. Con la expulsión de Trump (en plenas funciones) de la mayoría de estas plataformas, las grandes compañías nos recordaron el poder que tienen en manos privadas. 

Este poder, que demostró ser capaz de silenciar al cargo más alto de la primera potencia mundial, es capaz de interferir en la vida cotidiana de múltiples formas. No solo cambiando la tendencia en los votos (como se vio durante la campaña del Brexit), ni tampoco censurando matrices de opinión (sean estas dañinas o no), sino también acabando con la propia vida de las personas.

Mi comentario anterior no resulta una exageración. La semana pasada, en Italia, una niña perdió la vida estrangulándose a sí misma. El acto, que no fue un suicidio, fue más bien producto de un reto (o challenge) conocido en TikTok como Blackout. La joven de 10 años se encerró en un baño, agarró el cinturón de su abrigo y se ahorcó. El “chiste” (que para nada es gracioso) le salió mal y le declararon muerte cerebral por insuficiencia de oxígeno.

Biden, es un personaje inédito en este sentido. Pese a ser un hombre blanco, nombró el gabinete más diverso de la historia de su país. Y ahora,  pese a ser el Presidente más viejo en asumir el cargo (78 años), le tocará enfrentar el problema de las redes sociales. Vivo ejemplo que ni la raza ni la edad ha de condicionarnos.

@NelsonTRangel

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