Caracas, 4 de Julio de 2021

Pere Aragonès (Presidente de la Generalitat de Catalunya) no está desempeñando un cargo sencillo. Sus antecesores inmediatos, Quim Torra, Carles Puigdemont y Artur Mas fueron juzgados por desobediencia. El antecesor más cercano, Torra, pudo ejercer el cargo por dos años, y fue destituido e inhabilitado por el Tribunal Supremo Español. Carles Puigdemont, de los tres, es el que menos ha gobernado de manera presencial (1 año); pero más a distancia, desde Waterloo. Lugar en donde se encuentra exiliado desde 2017, cuando se retira a hurtadillas antes de que le pusieran los ganchos. Esto último por haber declarado la independencia unilateral de Cataluña en octubre de ese año.

Por su parte, Artur Mas tuvo mucha más estabilidad. Seis años gobernó (2010-2016), pese a que luego también caería en desgracia por “desobediencia”. En su caso por una consulta el 9 de noviembre de 2014, siempre sobre la independencia catalana. Es por ello que Pere no recibe una oficina fácil de llevar. Hereda un conflicto histórico que ha recobrado fuerza en los últimos años y ha cobrado la vida política de los últimos tres presidentes de la Generalidad.

Dentro de su “rebeldía” está el de no quererse reunir con el Rey, quien es el Jefe del Estado. Es por ello que, como si de un juego de niños se tratase, el Presidente lo evade cada vez que coinciden en un acto protocolar. La política de alto nivel exige que las partes se reúnan y dialoguen, así sea para la postal. Sobre todo si Aragonès quiere marcar territorio y demostrar que es el Presidente de una región, y no la marioneta de un titiritero en Waterloo.

Hay maneras de protestar, y evitar encontrarse con el Rey no es una de ellas. También evitó al Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante un acto en el Liceu, mientras anunciaba los indultos que estaba otorgando a los culpables del procés. Indultos que no supo leer, pues en vez de recibirlos con audacia, los entendió como la puerta de otro proceso de autodeterminación.

Cataluña necesita estabilidad política para seguir con su crecimiento natural. El contencioso catalán de 2017 le costó mucho a la región: se estima que más de 7000 empresas cambiaron su sede para evitar ser absorbidas en un conflicto que no se sabe cuándo (ni cómo) va a terminar. Los mercados son así de delicados. Esto lo sabe bien Mario Draghi, quien visitó Barcelona en estos días y fue recibido como un superhéroe europeo. El ahora Primer Ministro de Italia es recordado por “salvar al euro”, por allá cuando desempeñaba el papel de Presidente del Banco Central Europeo y consagró su “whatever it takes” (lo que haga falta) durante un discurso en Londres que generó una tranquilidad general en los mercados respecto a la moneda común.

A Draghi tampoco lo recibió Aragonès, que prefirió estar en Waterloo discutiendo sobre los indultos con Puigdemont. Es difícil gobernar desde la distancia, Puigdemont bien lo sabe, pues está dirigiendo a Cataluña desde que salió físicamente de la Generalitat. Se dice que el COVID- 19 aceleró la historia y el teletrabajo llegó para quedarse. Pese a que hay instituciones financieras como Goldman Sachs que consideran que hay excepciones que requieren de la presencialidad. Sin duda, el cargo de Presidente es una de ellas. O al menos debería.

@NelsonTRangel

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