Caracas, 21 de noviembre de 2021

La pandemia de los no vacunados, así decide llamar la OMS a la actual situación. ¿Tercera, cuarta, quinta ola? Dependiendo de tu posición geográfica. En Europa es la sexta, en Venezuela la segunda prolongada. Veinticuatro por ciento de los ciudadanos no están vacunados, y no por ausencia de vacunas, sino por falta de voluntad en suministrárselas. Así, y si no se inmuniza el total de la población, se estima que morirán 500.000 personas más en el viejo continente.

La vacuna surge como arma efectiva contra la cepa inicial, cosa que cambia rápidamente con la Delta. Ante ella, la efectividad es menor, pero sigue existiendo cierta cobertura importante. Ahora, el debate actual: ¿la vacuna ha de ser obligatoria? En democracias sanas pareciera que la respuesta es clara, pese a una coerción indirecta que invita a la vacunación: visados para viajar dentro y fuera de los países y pases para el ingresos de lugares públicos.

Esto hasta esta semana, cuando Austria -un país miembro de la Unión Europea- sorprendió ante un aumento en sus casos. Con una población poco vacunada (65%, cifra que se sitúa por debajo de la media Europea: 67%) deciden confinar y multar con 500 euros a aquellos que no se encuentren inmunizados. Es decir, la vacuna sigue sin ser obligatoria, pero no tenerla te cercena por completo tu libertad. Sólo podrás salir de tu casa para hacer ejercicio, compras e ir al médico. De resto, estarás en una cuarentena indefinida hasta que decidas dejar de ser un riesgo para los demás. Y no es poca cosa, estamos hablando de más de 2 millones de personas los que deberán optar por la vida del aislamiento o la vacunación.

Pero las medidas también son severas en países cuya democracia está en entredicho. En el caso anterior, pueden negarte la libertad de caminar, pero no de vivir. Singapur, por ejemplo, optó por una medida más radical: aquellos que se contagien por COVID y hayan decidido no vacunarse deberán pagar su recuperación. Esto, en un país en donde la seguridad social funciona y es un derecho universal, resulta todo un escándalo. Imagínense entonces, que, por fumar, no se te quiera cubrir ante una enfermedad pulmonar. O, peor aún -y discúlpenme lo prosaico-, por copular, no se te quiera ayudar ante el negado caso de contraer una enfermedad sexual. El debate es más complejo de lo que parece.

Nota al pie: actualizando a las monarquías

Escribía hace algunos años atrás que: “Casar al [entonces] Duque de Sussex con una norteamericana afrodescendiente divorciada no es cualquier cosa. A su tío bisabuelo le costó el trono el haber desposado a Wallis Simpson, quien tenía dos de esas tres características. No obstante, los tiempos cambian y la monarquía avanza, y la Reina dio su consentimiento expreso y formal mediante un documento que se utiliza desde hace varios siglos atrás; en donde todo aquel que se encuentre entre los primeros seis de la línea de sucesión (Henry siendo el sexto) ha de obtener para desposar a quien guste. Así, se junta lo que tanto fascina a la gente, las prácticas antiguas refrescadas con un aire de modernidad, lo que hace que la monarquía inglesa sea de las más estables (con más del 80% de aprobación) entre las restantes de Europa”. Pero el plan salió mal y Meghan se convirtió en un daño para la corona.

Actualizar a las monarquías es necesario para que las mismas prevalezcan. Esta semana se vio como Mako Komuro (antes, Princesa en Japón) renunció a su estatus imperial para mudarse a Nueva York con su plebeyo esposo. A diferencia de Inglaterra, Mako no hubiese tenido (ni con toda la fortuna que tuvo la Reina Isabel II) la posibilidad de llegar al trono, puesto que la ley japonesa prohíbe a las mujeres como Monarcas. Pese a ello, abandonar la vida real por la “campesina” resulta la fábula a la inversa, la demostración de que, en pleno S.XXI, no todos quieren la corona.

Pero los neerlandeses van siempre liderando la carrera del progreso social. Siendo el primer país en oficializar el matrimonio igualitario, en octubre de este año, han extendido la ley a la mismísima monarquía. Ahora, no debes renunciar al trono si eliges casarte con alguien de tu mismo sexo, un gran avance social. Por cosas como estas, la monarquía holandesa ha siempre gozado de cierta popularidad, pese a que la opinión pública es extremadamente volátil y en política -y sobre todo en monarquías- nada está resuelto. Y esto bien lo saben.

@NelsonTRangel

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