Caracas, 13 de marzo de 2022

Tener a tu alcance el poder de destrucción de Europa no es poca cosa. Así se debe sentir Putin quien, a sabiendas de ello, sigue haciendo del bravucón en Ucrania. No sólo porque con un dedo puede activar el protocolo nuclear, lo que aseguraría una destrucción mutua, sino porque, incluso sin lanzar las atómicas, sabe que existe un riesgo con las plantas nucleares. Al menos esta fue la preocupación de Macron, quien llamara a Putin luego de que los rusos tomaran control de la central nuclear Zaporizhzhia. Seis veces Chernobyl, dicen los expertos, ya que sus seis reactores conviven uno al lado del otro. Cualquier error de cálculo, así sea de una granada, puede generar la hecatombe. El Presidente ucranio lo dijo: habría que desalojar Europa entera. Todo lo cual nos hace ver que la guerra moderna es interés colectivo, sobre todo cuando se trata de países con poderío nuclear. Los conflictos no se pueden aislar y el mundo entero ha de velar por una resolución efectiva en donde la tragedia sea contenida.

La desnuclearización es un escenario deseado, ya que la humanidad no puede depender de un solo individuo. William Perry, ex secretario de Defensa de los Estados Unidos publicó un libro llamado The Button en donde argumenta lo delicado que resulta ser el poder nuclear. Ahí, propone dar dicha potestad al Congreso, quitándole el peso a una sola persona que puede estar transitando un momento de complejidad mental. Sin duda, la propuesta ralentizaría la respuesta, pero la conclusión sería igual. Aquí está el caso interesante de China, quien tiene la política de nunca ser los primeros en apretar el botón. Lo hemos dicho varias veces y lo repetimos: la política internacional china de evitar el conflicto bélico es una herencia de larga data. En la guerra no hay progreso, al menos así lo evalúan en aquel hemisferio. 

Pero Putin no es Xi y ya ha amenazado a sus adversarios con sus nucleares. Massimo Gramellini comparte una pequeña anécdota del Presidente Ruso. Era 1999 y el millonario Boris Berezovskij le propone al Presidente Yeltsin a un joven Putin como su sucesor en política. Yeltsin descarta inicialmente la idea que luego aceptaría. Boris, así, visita a Putin y le ofrece el trabajo, el cual rechaza. No se siente a la altura, dice, y tampoco tiene ambición en ese campo. Berezovskij insistió preguntando: “¿quién quieres ser tú en la vida?” “Tu”.

Adulado, pensó que estaba ganando con un Putin sumiso. Lo promovió y convirtió en Presidente. Dos semanas después terminó en el exilio, para más nunca poder volver a su país. Putin, se hizo el débil para escalar. Ahora, se hace el bravucón para asustar. Astucia no le falta.

Nota al pie: la cultura afectada

La semana pasada hablamos del Director de Orquesta ruso, Valery Gergiev, quien fuera expulsado de La Scala de Milán por el propio alcalde Beppe Sala debido a la simpatía del músico hacia Putin. Un conflicto como el actual no acepta medios tintes, lo que ha creado que los rusos sean vistos como paria (independientemente de su postura) en el exterior.

Pero no sólo las fronteras geográficas se han desdibujado en el excluir a los rusos, también las temporales. Un escándalo absurdo se vio en la Universidad de Bicocca (Italia) cuando el Profesor Paolo Nori denunció que la casa de estudio canceló su curso sobre Dostoevskij. Imagínense ustedes, un escritor que murió hace 140 años, lo que lo hace ajeno a toda la situación actual. Pero, si incluso quisiéramos indagar en su vida, se trató de un revolucionario de izquierda, que tuvo sus diferencias con el Zar lo que incluso lo hizo cumplir condena.

La Universidad rápidamente se excusó alegando que nada tenía que ver con el conflicto actual y que sólo querían revisar el pensum del curso. Poco convincente como excusa. Las guerras suelen generar eso, un daño colateral que pocas veces tiene sentido. Ya empezaron a atacar a otro inocente de esta partida, el buen Moscow Mule, que nada tiene que ver con Rusia, puesto fue inventado en Manhattan. 

Este tipo de actos desprestigia el verdadero sufrimiento padecido por quienes viven las consecuencias del conflicto. Empecinarse con un cóctel, un músico o un escritor son sólo ejemplos de una condena mal llevada que le quita protagonismo a quienes realmente lo necesitan: las víctimas.

@NelsonTRangel

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