Caracas, 24 de abril de 2022

Un hombre con chaqueta de cuero y lentes caminando dramáticamente junto a otros dos. Detrás, un misil gigante, música heroica, mucha tensión. Ven el reloj, se quitan los lentes, miran fijamente a la cámara, es el momento. La sala situacional reacciona, lanzan el misil, celebran. La película no es Top Gun y el protagonista no es Tom Cruise. Tampoco Hard to Kill, ni Steven Seagal. Muchos pensarán entonces que se trata de Die Hard y Bruce Willis o quizá un apocalíptico tipo Mad Max. Ninguno de estos, es una adaptación nueva del cine coreano. Pero no de aquel del Sur, que ha tenido un auge importante en los últimos años. Este proviene del Norte, se llama Hwasong-17 y tiene como protagonista a Kim Jong-un.

El teaser (o adelanto) fue publicado el 24 de marzo por la televisión estatal coreana. Luego de que el Hwasong-17 (nombre del misil intercontinental) lograra viajar 6.200 kilómetros durante 71 minutos antes de desplomarse en aguas japonesas. Desde hace años que Corea del Norte estaba tranquila, después de que Trump lograra apaciguarlos. Ahora, y en pleno contexto de la guerra rusa-ucraniana, se les ocurrió hacer una demostración de fuerza bélica, recordando que siguen siendo una amenaza latente global.

El mundo hoy en día es mucho más seguro que antes, al menos eso dicen los especialistas en seguridad y defensa. Cuatro veces más seguro respecto a 1980. Pese a ello, la certidumbre no es la misma. Antes, los enemigos estaban claros y los adversarios eran dos: Estados Unidos representando a Occidente y la Unión Soviética a Oriente. Estos actores se debían entender, cosa que hicieron durante toda la guerra fría. Nunca cortaron relaciones diplomáticas, entiendo a la misma como la principal línea de defensa de un país.

El ataque en la defensa

El mundo de hoy carece de aquella certidumbre bélica. Tenemos amenazas por doquier, sin saber realmente quién dará el primer paso o apretará primero el botón nuclear. China no, o al menos eso dice. Cuya política exterior es de defensa, y no de ataque. Pero en política nada está resuelto y la guerra siempre proviene del flanco más certero.

Quizá la política china de vencer al adversario por medio de la defensa sea, paradójicamente, una enseñanza rusa. Los rusos, imbatibles en su propia casa, han repelido con éxito al invasor extranjero. Napoleón, Hitler, son los casos más célebres de estrategas que salieron derrotados luego de entramparse en casa ajena. Putin no leyó la historia, o al menos no leyó todos los capítulos de la obra. Lo que se memorizó (al punto de creérselo) es que Ucrania es Rusia, por lo que debían de permanecer siempre unidos, así sea por medio de la fuerza. Pero fue una lectura selectiva, no recordando que, si en verdad los ucranianos son rusos, tendrán una resiliencia abismal en la defensa de su territorio. Tal y como terminó siendo. 

Ucrania sabe que no puede ganar y eso no los desmoraliza para luchar con menos fuerzas. Le apuestan al desgaste de la guerra, pese a que ese desgaste les esté costando sus propias vidas. Saben que la guerra les quitará todo, menos ese ímpetu que tienen por defender su hogar. Saben, además, que desgastará a Rusia y que sus efectos a largo plazo los destruirá. Es una destrucción mutua garantizada: una con efecto inmediato, otra con efectos a largo plazo.

Rusia no puede retroceder, la guerra le ha costado demasiado cara. Salirse sin lograr alguna victoria sería una vergüenza colosal. Sin contar que habrían destruido un país (el suyo) por un error de cálculo militar. Se estima que en material militar (blindados, helicópteros, barcos, aviones, bombas, etcétera) van unos $6.000 millones de dólares. Esto sin contar lo que han perdido gracias a la presión de occidente, es decir fuera del campo de batalla. Es difícil calcularlo, pero expertos ponen la cifra en más de $500.000 millones. Esto bien lo sabe el Ministro de la Defensa de dicho país, quien tuvo más de 2 semanas sin aparecer en público. Dicen que los errores de cálculo son suyos y que la angustia de ello no lo deja dormir. Sensación que comparten los ucranianos, que cada noche que tratan de conciliar el sueño no saben si al día siguiente se despertarán.

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